jueves, 29 de marzo de 2012

ADITA: TRABAJOS DEL TALLER DE ESCRITURA CREATIVA "LA ATRACCIÓN DE LOS CUERPOS". Bimestre de febrero-marzo de 2012.(Alberto Fernández-Martos)

Este taller  ha sido planeado e impartido por el profesor de Geografía e Historia Alberto Fernández-Martos. Sé que todos os habéis divertido mucho con él y seguro que con sus sugerencias y vuestra imaginación nos arrancáis más de una sonrisa. Os recuerdo en qué consistía la actividad:


LA ATRACCIÓN DE LOS CUERPOS




Realiza una composición narrativa (un cuento corto) en un escenario que incluya la fuerza de gravedad entre cuerpos celestes como componente primordial


  Pero para hacerlo como corresponde y el relato esté a tu altura, se debería investigar previamente:



-El concepto y propiedades de lo que los físicos entienden por fuerza de gravedad.


-El comportamiento de esa llamada fuerza en un entorno espacial concreto, elegido para nuestro relato: entorno a un agujero negro, o en una estrella similar a la nuestra, o entre dos planetas o en ausencia de atracción, etc.


-Encontrar una historia de atracción dentro de este entorno de atracción. Intenta que la historia sea atrayente.


-Habrá de resolverse el cuento con tu ingenio, con ciencia “científica”, con literatura de nivel, con referencias a otras novelas importantes que tú y tus lectores hayan leído para crear “guiños” y referencias a ellos.


-Finalmente, todos los participantes leerán, saborearán y comentarán de modo exclusivamente  positivo el resto de atractivas obras que se presenten. El proyecto no terminará con la presentación de la obra propia sino con el comentario argumentado y enriquecedor de las obras de los demás.



Y aquí van los trabajos.


GRUPO 3 (alumnos de 4º ESO)


  - RELATO DE CURRO MANZANO.


Nos pidió que incluyéramos guiños, que fueran conocidos para el resto de compañeros. Yo he utilizado los célebres dichos de Miguel Ángel Vidal ("espabilen la sesera") y de Palma ("por mi siete niños pelones"). También he introducido la tan característica oración de las protagonistas de Bajarse al Moro, "con dos terrones, por favor". 



SATISFACCIÓN


-       ¡Riiiiiing!- El despertador sonó como cada mañana.

     Juan se despertó. Permaneció en la cama durante cinco minutos, calzó sus zapatillas, se puso su bata de franela marrón y se dirigió a la cocina. Allí, su madre lo esperaba.

     Tomó un vaso de leche, dos tostadas con mantequilla y mermelada de melocotón, y una manzana.

-       ¡Juan, quiero que hoy te portes bien en el instituto!- remarcó su madre.
-       ¡Sí mamá!- exclamó el chico- ¡Por mis siete niños pelones, te lo prometo!
     El niño regresó a su habitación. Se quito su pijama azul y se vistió. Cogió la mochila, las llaves de la casa y salió tranquilamente. Conocía bien el camino: el Cruce de la Amapola, la Avenida Reyes Católicos, el Paseo de San Cristóbal, desde el que se divisaba la azulada piscina de agua salada de la familia Venus, el giro de la Esquina del Herrero, y… ¡ya ha llegado!
     El timbre sonó. Juan entró en la clase. Eran las ocho y media de la mañana, y tocaba la clase de física y química. Al protagonista se le daban bien las ciencias. Estaba contento con su profesor. Era agradable y culto, y en muchas ocasiones discutían acerca de la velocidad, las fuerzas o la energía, por cierto, muy polémica por las nuevas políticas del Ministerio.
     El chico se sentó en el primer pupitre. Abrió el libro por la página 82, tema 4: “Fuerzas Gravitatorias”
-       ¡Juan, comienza a leer!- ordenó el profesor.
-       ¡Sí, ya voy!- contestó él- “En el universo existen muchas fuerzas. Todos los planetas y cuerpos celestes experimentan unas fuerzas determinadas…”
-       ¡Detente Juan!- interrumpió el profesor.- ¡Atended! ¡Fijaos en la primera oración: “En el universo existen muchas fuerzas”!
     El profesor comenzó a explicar las fuerzas universales. Juan estaba atónito. Jamás había escuchado algo con tal interés como en aquella ocasión. Sus tímpanos se abrieron y el sonido se deslizaba por los conductos auditivos.
      Al finalizar la clase, cuando la campana repicó de nuevo, el licenciado le comentó al alumno una investigación que se estaba llevando a cabo acerca de la atracción gravitatoria. Juan se mostró interesadísimo y comenzó a plantearse más de mil ideas en el cerebro. El profesor le señaló también que la investigación la estaba realizando la revista científica “Espabilen la sesera”, cuya sede se encontraba en la Plaza de la Catedral, junto al edificio de la Diputación. Así terminó la conversación.
     Juan pasó intranquilo el resto de horas. Las asignaturas se le hicieron eternas y no dejaba de pensar en el proyecto. Cuando a las tres en punto sonó el timbre que avisaba del fin de la jornada diaria, el protagonista corrió sin parar a su morada. Al entrar, su madre le esperaba en la cocina.
-       ¿Qué tal han ido las clases, cielo?- le preguntó su madre a Juan
-       ¡Genial, mami!- respondió amablemente el chico- ¿Esta tarde hay que ir a ver a la abuela?
-       No, hoy no Juanito. Si te parece, mañana vamos- propuso su madre. Por cierto, ¿quieres azúcar en el zumo?
-       Dos terrones, por favor- expuso el chico.
     Al concluir el almuerzo, aprovechando que tenía la tarde libre, Juan consultó su enciclopedia. Empezó a buscar, y cuando finalmente localizó el apartado de fuerzas gravitatorias leyó toda la información que aparecía. Apenas habían pasado diez minutos cuando el chico ya conocía perfectamente una amplia variedad informativa sobre las fuerzas, y en concreto, sobre la gravitatoria.
     Algo después, se dirigió a la Plaza de la Catedral, lugar en el que se situaba la sede de la revista que el protagonista andaba buscando. Al llegar, se documentó del proyecto y el secretario lo condujo al despacho de la directora.
-       Señora Villarrica, tiene usted visita- notició el secretario.
-       ¡Qué pase!- imperó la directora.
     Juan accedió al despacho. Con el permiso y la invitación de la señora Villarrica, el protagonista se sentó en una silla de madera, con un cojín a la espalda, justo en frente de la mandataria.
-       Bien, cuéntame, ¿a qué se debe tu visita?- consultó la directora.
-       Pues mire, mi profesor de física me ha comentado algo de una investigación de las fuerzas gravitatorias- mencionó el chico.
-       Ajá, así que te refieres al proyecto Cuerpos Celestes- afirmó la señora
-       Pues sí, supongo que es tal- dudó Juan.
-       ¿Y qué deseas saber sobre él?- preguntó la mujer con un tono curioso.
-       ¿Sabe, señora directora?- interrogó Juan- No vengo a contarle batallitas ni historietas, ¡no, no, nada de eso! Simplemente, me gustaría que sepa que ha sido tan grande el interés que he tenido por este asunto que querría informarme más, aprender cosas nuevas, ya usted me entiende. Cuando mi profesor me habló de ello, me pareció que podría colaborar, o al menos, informarme del proyecto. Por este motivo, he decidido venir.
-       Veo que entiendes y que sabes de este tema. Está bien. Te propongo que junto a mi hija, Carmen, que está investigando sobre la atracción en los satélites, hagáis un reportaje, en el que incluyáis datos reales, documentos y alguna que otra curiosidad. ¿Qué te parece?- demandó la madre de la que iba ser su compañera
     Al protagonista le pareció una magnífica idea. La jefa del proyecto le exigió que al día siguiente tendría que comenzar a trabajar duro. Al regresar a su casa, ya bien entrada la tarde, habló con su madre del proyecto, quien opinó que sería algo fabuloso para su hijo.
     A la mañana siguiente, tras el eco que causaba el despertador en toda la habitación, Juan se despertó. Comenzó con su rutina diaria, y al aterrizar en el instituto, le explicó al profesor todo lo ocurrido en la tarde anterior. El profesor felicitó gratamente a su alumno, que era un verdadero ejemplo de valentía y esfuerzo.
      Por la tarde, emprendió el camino hacia la sede de “Espabilen la sesera”.
-       Pase, pase niño Juan- dijo el secretario nada más verlo llegar. La señora Villarrica y su hija, le esperan en la oficina.
-       Gracias señor y buenas tardes- saludó cortésmente el chico.
     Juan accedió al despacho de la señora directora, en el que le esperaban ella y su hija. En el momento en que el protagonista conoció a quien iba a ser su compañera se sonrojó. ¡Amor a primera vista! La chica también lo hizo, y Juan se percató de sus mejillas rojizas y de sus pupilas dilatadas, resaltando sobre sus claros ojos azules.
-       Ya ves Juan, ella es mi hija, Carmen- mencionó la directora.
-       Mucho gusto- enunció Juan
-       Lo mismo digo- comentó la chica.
     La señora Villarrica les explicó cómo sería el trabajo que debían preparar, y el modo en el que lo trabajarían. Ambos aceptaron la propuesta y quedaron en encontrarse la siguiente tarde.
     Así ocurrió. Los chicos se encontraron en la biblioteca y trabajaron sin parar para ayudar gratamente en el proyecto con su reportaje.
-       ¿Cómo va tu parte?- le preguntó a Juan
-       Bastante bien- afirmó él- ¿Y la tuya?
-       ¡Genial! ¿Qué te parece si introducimos unos gráficos sobre las constantes gravitatorias en los satélites y luego comparamos la diferencia?- demandó ilusionada la chica.
     Al terminar la investigación de la tarde, con el atardecer, se despidieron. Se besaron las mejillas, y ambos se dieron cuenta de que estaban enamorados. ¡Lo que había comenzado siendo una relación profesional por la atracción gravitatoria acabó siendo una relación personal influida por la atracción amorosa!
     Pasaron rápidamente varias semanas. El trabajo era muy intenso, y más aún la relación que se creó entre ambos. Al concluir el reportaje, se publicó el proyecto y la revista fue todo un éxito. ¡“Espabilen la sesera” había ascendido como las nubes!
    Entre los chicos se creó una verdadera relación de atracción amorosa, pero como eran todavía pequeños, prefirieron mantenerse como amigos.
    Ese día todo fue felicitaciones, llamadas telefónicas y sinfines de mensajes, tanto para Juan como para Carmen.
    Era tarde, y Juan estaba cansado. Fue a su habitación y se puso su pijama azul. Tomó un vaso de leche caliente con dos terrones de azúcar y se acostó. Su madre lo acompañó.
-       ¡Hasta mañana mami!- exclamó contento Juan.
-       ¡Que tengas dulces sueños, mi cuerpecillo celeste! 

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